Vivimos una época profundamente marcada por la Inteligencia Artificial: desde asistentes digitales hasta sistemas de generación de texto, la IA está transformando nuestras rutinas y habilidades cognitivas fundamentales. En este contexto, deberíamos reflexionar sobre cómo impactará en las generaciones futuras —especialmente en sus capacidades de razonamiento, gestión de información y comprensión del lenguaje. Fomentar estrategias educativas sólidas hoy es crucial para garantizar que estas habilidades sigan desarrollándose mañana.
Además, fenómenos recientes como la sobreexposición a redes sociales y los contenidos breves han reducido significativamente nuestra capacidad de atención. Expertos en neurología advierten que el consumo reiterado de videos cortos deteriora funciones cognitivas clave como la concentración, la memoria, la creatividad y la toma de decisiones (Cadena SER). La sociología y la psicología también alertan sobre el vínculo entre impaciencia, multitarea y disminución de la atención, especialmente en los jóvenes (El País). Este envase informativo ultrarrápido choca frontalmente con las demandas cognitivas de la lectura profunda.
A esta realidad se suma una situación preocupante en España, donde la competencia lectora es inferior a la media de países comparables. En PISA 2022, nuestros estudiantes alcanzaron una puntuación de 474 en lectura, por debajo del promedio de la OCDE (476) (Education GPS, Wikipedia). Asimismo, entre la población adulta, casi un tercio señala tener dificultades con la lectura y la resolución de problemas, según el informe PIAAC 2023 (HuffPost). Además, estudios universitarios recientes confirman un retroceso en la comprensión lectora, por ejemplo, una caída de 282 a 271,9 puntos entre 2012 y 2023, atribuida al uso excesivo de pantallas e inteligencia artificial (El País).
La intercomprensión es la capacidad de entender varias lenguas — generalmente relacionadas, como las romances — sin necesidad de hablarlas: basta con comprenderlas desde la lengua materna. Esta metodología está respaldada por la investigación en aprendizaje de lenguas: la intercomprensión estimula procesos cognitivos como la inferencia, clave tanto para aprender una L2 como para profundizar en la lectura en L1.
La inferencia es un proceso cognitivo que nuestra mente realiza de manera automática o consciente. Se puede definir como «la formación de una conclusión a partir de la información disponible» (Ripoll Salceda, 2015). Consiste en reconstruir la información que no está directamente expuesta en un texto o una conversación, en base a lo que a nuestro cerebro le parece más plausible. Por ejemplo, necesitamos realizar una inferencia para entender la siguiente oración: «¡la pueeeerta!» La persona solo ha pronunciado dos palabras, pero lo que hemos entendido es que quería que cerráramos dicha puerta. Para entender este tipo de conversaciones, nuestro cerebro conecta la información que entra por los ojos, por los oídos, verbalmente, no verbalmente, el conocimiento del mundo, el carácter de la persona hablante, etc. Este proceso de «adivinar» qué es lo que quiere decir la otra persona (o lo que está puesto en un texto) se llama «inferencia».
El problema con la comprensión lectora es precisamente la incapacidad de sacar conclusiones lógicas que se desprenden de un texto. Por ello, podemos afirmar que el problema radica en un bajo desarrollo de la habilidad para hacer inferencias.
La respuesta es sencilla: la intercomprensión como ejercicio se basa en la inferencia. Es decir, cuando uno intenta leer un texto en un idioma que se parece al español, enseguida consigue reconocer muchas palabras. Al reconocerlas, su cerebro automáticamente hace hipótesis sobre su significado: podemos suponer que la palabra «verde» en italiano muy probablemente significa «verde» en español. Sin embargo, la palabra «gamba» en italiano significa «pierna» en español. Para identificar correctamente el sentido de las palabras, el cerebro está obligado a fijarse no solo en su forma, sino en las palabras que la rodean: solo es posible adivinar que «gamba» es una pierna gracias al contexto.
Por ello, durante la intercomprensión, el cerebro intensifica mucho su labor de comprensión, sus procesos cognitivos que ayudan a procesar la información lingüística. Si el cerebro consigue comprender palabras desconocidas en lenguas que se parecen al español, ¡más le vale entender palabras desconocidas en el propio español! Después de una prolongada práctica de intercomprensión, la habilidad para descifrar palabras desconocidas y hacer hipótesis plausibles sobre el significado de una palabra, oración o párrafo mejora notablemente. O sea, después de leer en italiano, portugués, catalán y, sobre todo, francés, leer y comprender en español te parece pan comido. Es así como la intercomprensión mejora la comprensión lectora.
En realidad, hay otros efectos colaterales. Por ejemplo, leer en otras lenguas latinas ayuda a aumentar muchísimo el vocabulario pasivo. Muchas de las palabras de uso común en otras lenguas romances son palabras reservadas solo a un lenguaje culto o académico en español, y al revés. Por ello, tras haberse expuesto a este gran vocabulario románico internacional, la persona reconoce fácilmente palabras cultas y de poco uso en español. Además, estas palabras suelen ser también de uso culto en otras lenguas europeas, como el inglés, que ha tomado mucho vocabulario del francés. Al notar todas estas correspondencias, coincidencias y patrones, la persona desarrolla una visión más amplia del lenguaje y de las lenguas europeas. Empieza a tener un enfoque más crítico y curioso, interesándose por la etimología y la difusión de las palabras.
Por tanto, integrar la intercomprensión en los programas educativos no solo fortalece las competencias lectoras en español, sino que promueve un pensamiento crítico y autónomo, mejorando la capacidad de los estudiantes para contextualizar y procesar información compleja.