Europa es conocida por su diversidad cultural y lingüística. Con más de 200 lenguas habladas en el continente, podría parecer que sus habitantes son plurilingües por naturaleza. Sin embargo, los datos muestran una realidad sorprendente y contradictoria: vivimos en una Europa multilingüe habitada mayoritariamente por monolingües. A continuación, exploramos algunas estadísticas que ilustran esta situación.

Según el Eurobarómetro de 2012, solo el 44% de los europeos puede entender programas de televisión o leer prensa en una lengua distinta a la propia. Esto significa que más de la mitad de la población carece de habilidades pasivas en otros idiomas, a pesar de los esfuerzos en la educación lingüística.
En España, entre las personas que pueden leer la prensa en un idioma adicional, las cifras también son limitadas. Solo el 15% menciona el inglés, el 7% el francés y un escaso 1% el alemán. Además, un 13% se refiere a otras lenguas cooficiales españolas, como el catalán o el gallego, lo que indica que la mayoría del «bilingüismo» en España es autóctono. Curiosamente, el 58% de los encuestados admite no tener habilidades en ninguna lengua adicional. Si la gente fuera consciente del fenómeno de la intercomprensión, estos números serían completamente diferentes, pero, lamentablemente, apenas se conoce. Por ello nos dedicamos a la difusión de este método.
Un dato del Eurobarómetro de 2012 señala que el 56% de los europeos asegura poder mantener una conversación en una lengua distinta de su lengua materna. Sin embargo, esta afirmación es engañosa, ya que la encuesta no distingue entre lenguas extranjeras y lenguas cooficiales o de herencia. Por ejemplo, un hablante de gallego puede incluir el español como lengua adicional, lo que infla las estadísticas sin reflejar un verdadero plurilingüsmo.

En Europa, la mayor parte de los recursos educativos se destinan a la enseñanza del inglés. A pesar de ello, los resultados son decepcionantes. Solo una quinta parte de los españoles entrevistados afirmó poder mantener una conversación en inglés, a pesar de ser la lengua extranjera más estudiada en el país.
Aunque las lenguas románicas como el francés, el italiano o el portugués comparten una alta intercomprensibilidad con el español, su dominio entre los españoles es sorprendentemente bajo. Por ejemplo, el francés solo es comprendido por el 7% de los encuestados, a pesar de haber sido parte de la educación obligatoria durante décadas.
Entre 2012 y 2016, el porcentaje de personas plurilingües en Europa disminuyó del 28% al 21%, según un estudio de Eurostat. Aunque también se redujo el número de personas que no conocen ninguna lengua adicional, esta caída del plurilingüsmo refleja una tendencia preocupante en un continente que aspira a ser más integrador y diverso.
Las diferencias generacionales también son significativas. Los jóvenes tienden a tener más conocimientos lingüísticos que las generaciones mayores. Sin embargo, estas habilidades están altamente influenciadas por la geografía: los países con una tradición multilingüe muestran mayores niveles de competencia en lenguas extranjeras, mientras que países como España y otros del sur de Europa presentan niveles más bajos.
Una percepción común es que las lenguas que no sean inglés tienen un alcance limitado a nivel local. Esto crea un círculo vicioso: quienes desean compartir información internacional optan por el inglés, mientras que las lenguas románicas o regionales quedan relegadas al ámbito local.
Estas estadísticas destacan una contradicción en Europa: aunque el continente es un ejemplo de diversidad lingüística, sus habitantes a menudo no desarrollan las habilidades necesarias para aprovechar esta riqueza. Superar estas barreras requiere un cambio en las políticas educativas y una mayor concienciación sobre los beneficios del plurilingüsmo.
Como demuestra esta panorámica, Europa tiene un largo camino por recorrer para convertirse en una verdadera sociedad plurilingüe. Reflexionar sobre estas cifras es un paso esencial hacia el cambio.
Fuentes citadas: